Es común pensar que esos territorios conocidos popularmente como paraísos fiscales son usados principalmente por delincuentes que tratan de ocultar el origen de sus recursos provenientes de actividades ilícitas, sin embargo, tales territorios son usados igualmente por empresas multinacionales, millonarios, las instituciones financieras y los gobiernos de algunos países.
El determinar el monto proveniente de actividades ilícitas (el denominado así como “dinero negro”), que pasa por esas jurisdicciones es prácticamente imposible, ya que es evidente que no existe un registro o estadística que se pueda obtener al respecto, por lo que sólo se maneja un estimado conocido como “producto criminal bruto mundial”, cuya metodología para obtenerse no se conoce pero que en algunos estudios se estima en aproximadamente 2 billones de dólares anuales.
Como se mencionó antes, a través de los paraísos fiscales no sólo se manejan recursos provenientes de actividades ilícitas, sino que igual son usados por empresas, personas físicas y gobiernos para manejar recursos con orígenes lícitos totalmente y con finalidades diversas, aunque ciertamente los detractores de éste tipo de jurisdicciones siempre harán referencia a la finalidad de evadir impuestos, el blanqueo de capital y a financiar el terrorismo y otras actividades ilícitas.
No obstante el evidente uso de un paraíso fiscal como medio de lavado o blanqueo de recursos, la realidad es que esta actividad puede ser llevada a cabo incluso en territorios o países considerados como de primer mundo, donde la infraestructura y políticas de combate al lavado de dinero nos podrían hacer pensar que esta clase de conductas no se podrían llevar a cabo o que la posibilidad de ello tendría que ser baja.
El Institute Of Governance de la Universidad de Basilea, en Suiza, realiza desde hace varios años y de manera periódica un estudio sobre el nivel de riesgo de lavado de dinero en los diversos países del mundo, en donde es posible observar que en realidad la posibilidad de lavado de dinero no es exclusiva de los conocidos de manera tradicional como paraísos fiscales, sino que existe un riesgo alto de lavado de dinero en una diversidad de países.
El citado estudio es el conocido como Basel AML Index, el cual realiza su medición del riesgo en cada país en base a 5 factores:
1.- La calidad de su marco de combate al lavado de dinero y financiamiento al terrorismo (50%)
2.- El riesgo de corrupción y fraude (17.5%)
3.- Transparencia financiera (17.5%)
4.- Transparencia pública y rendición de cuentas (5%)
5.- Riesgos políticos y legales (10%)
Con base en esos factores se determinó el riesgo de lavado de dinero en cada país clasificando el resultado final en 3 categorías:
a) Riesgo bajo. Cuando el nivel de riesgo es menor de 4.70
b) Riesgo medio. Cuando el nivel de riesgo es de 4.70 a 6.08
c) Riesgo alto. Cuando el nivel de riesgo es mayor de 6.08
Todo ello en la escala del 1 al 10, donde 10 equivale al riesgo más alto.
En su 14ª Edición Pública, correspondiente al año 2025, al hacerse el comparativo con el estudio anterior, se arrojó que el promedio global del riesgo había mejorado un poco, ya que pasó de 5.30 a 5.28. Por lo que de acuerdo a la clasificación ya señalada, a nivel mundial existe un riesgo medio de lavado de dinero.
Mientras que a nivel de países, 88 territorios mejoraron su nivel de riesgo, 71 elevaron el nivel de riesgo y 5 lo mantuvieron igual.
Conforme a tal clasificación, los 40 países de la siguiente lista son los que se encuentran en un riesgo alto de lavado de dinero, ya que su nivel de riesgo es mayor a 6.08:

Como es posible observar de tal lista, en el rango de alto riesgo de lavado de dinero se encuentran países que no son considerados de manera tradicional como paraísos fiscales.
Mientras que en el caso particular de México, lo podemos ver situado en el lugar 71 de un total de 177 territorios que abarcó el estudio en cita, con un nivel de riesgo de 5.52, es decir, con un nivel de riesgo medio de lavado de dinero.

Mientras que los países con un riesgo bajo de lavado de dinero, es decir, aquellos con un nivel de riesgo menor a 4.70, son los siguientes:

Por lo que de acuerdo a tal estudio, existe una gran cantidad de países en el mundo, en donde, debido a su falta de legislación que regule el lavado de dinero, o a que la legislación sea deficiente o laxa, o donde la rendición de cuentas sea opaca y la corrupción y el fraude sean propicios, entre otros factores ya citados, es más probable que sean usados para blanquear capitales que los mismos paraísos fiscales conocidos tradicionalmente.
Conforme a tal estudio que abarcó 177 territorios, en 40 de ellos, es decir, el 22.5% del total, existe un riesgo alto de lavado de dinero, y en sólo 55 países o territorios (el 31%) se tiene un nivel de riesgo bajo, por lo que en dos tercios de esta muestra de países que abarca todas las regiones del mundo entero existe un riesgo considerable de que sean usados para lavar dinero.
Esto nos lleva a reflexionar de manera lógica que la desaparición de los paraísos fiscales no implicaría de ningún modo que los grandes grupos criminales del mundo no tendrían un lugar donde llevar a cabo el lavado de sus recursos.
En este orden de ideas podemos también concluir que el blanqueo de capitales no es el principal objetivo al hacer uso de los paraísos fiscales, ya que hay muchos países o territorios que están expuestos a ello, sino que en realidad el uso de un paraíso fiscal tiene una finalidad más compleja y que en su origen no tuvo relación ninguna con la delincuencia organizada y los medios para lavar el dinero proveniente de actividades tales como el narcotráfico, el secuestro, el tráfico de armas, la trata de personas, etc.

